sábado, 13 de octubre de 2012

Erasmus: La Febbre del Sabato Sera + La Bohème


Musical: La Febbre del Sabato Sera (Teatro Nazionale). Ópera: La Bohème (Teatro Alla Scala). Because I am a girl (Galleria Vittorio Emanuele II). Torre Velasca. Giardino della Guastalla. Etc.

Esta semana he tenido la oportunidad de asistir a dos obras teatrales; un musical y una ópera. La primera tuvo lugar el pasado miércoles, 10 de octubre; un buen amigo de clase nos regaló un par de invitaciones a una amiga, Giulia, y a mí para ver el musical de La Febbre del Sabato Sera (Fiebre del sábado noche, Saturday Night Fever) en el Teatro Nazionale, así que no nos lo pensamos dos veces y allí acudimos. ¡Gracias, Tommi! La verdad es que fue un espectáculo increíble de principio a fin, me quedé sin palabras. Las canciones eran las mismas de la película pero traducidas al italiano, las coreografías eran fantásticas, la escenografía era sublime, los efectos visuales no dejaron de ser sorprendentes en ningún momento... Me quedé con unas ganas de repetir increíbles. El hecho de que todos los diálogos fueran en italiano y poder estar viéndolo allí, en Milán, me resultó mágico. Me encantaba pensar que estaba allí y ver que lo entendía todo sin problemas, no paré de divertirme de principio a fin.
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En cambio ayer viernes, 12 de octubre, fui al Teatro Alla Scala para disfrutar de mi primera ópera: La Bohème, de Giacomo Pucini. Hacía tiempo que tenía pensado acudir a uno de los teatros más importantes del mundo, y gracias a mi amiga Betina conseguí hacerlo ayer por la tarde: después de hacer cola pudimos comprar las entradas por tan solo 12 euros cada una.
Estamos hablando de un prestigioso teatro en el que los precios de los espectáculos suelen oscilar entre los 70 y los 200€, sin embargo si se acude a la billetería el mismo día de la representación a una hora concreta pueden conseguirse tiradas de precio. Fue maravilloso de principio a fin. El teatro en sí, las voces de los artistas como la de Vittorio Grigolo, la orquesta...
La escenografía era inmejorable y sorprendente, no paraban de suceder cosas inesperadas: un caballo que entraba y salía de repente, nieve que parecía real... Me encantó. Realmente valió la pena. Además, delante de cada asiento teníamos una pequeña pantalla con el texto tanto en italiano como traducido al inglés, para no perdernos ni un detalle.
¡Ahí estuve yo!
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Podría decirse que últimamente no he parado quieta, que en el mes que llevo aquí (a falta de dos días) he hecho más cosas que en todo el año en Barcelona. El pasado miércoles 11, además, con motivo del día internacional de las niñas tuvo lugar una especie de flashmob/manifestación en la Galleria Vittorio Emanuele II. Iba paseando por allí después de haber comprado un libro muy interesante con expresiones en milanés y su traducción y de repente me di cuenta de que la cúpula estaba iluminada de color lila y, además, muchas personas estaban reunidas en el centro de la galería. Una chica se acercó a mí y me preguntó si quería participar; solo tenía que ponerme una camiseta de color blanca en la que estaba escrito: ''Plan'' (la ONG que lo organizó y que se encarga de ayudar a los niños en países en vías de desarrollo) y ''Because I am a girl'', el lema de la causa. Chicos y chicas, jóvenes y mayores nos concentramos en el centro de la galería con las camisetas puestas y el puño en alto para que nos tomaran unas fotos todos juntos, imágenes que se irán subiendo a Internet junto a las manifestaciones de las diferentes ciudades en las que también se celebró, como Nueva York. He descubierto una foto en la que incluso salgo yo, aunque tal vez no se me reconoce (pista: buscadme por la derecha, más bien por abajo que por arriba). Aquí la tenéis:
Era una grandísima causa que merecía que me uniera, y así lo hice. Todo sea por los derechos de las niñas que por desgracia en estos tiempos aún siguen siendo explotadas y no tienen acceso a unos estudios y una educación adecuadas. Ojalá algún día todas estas injusticias desaparezcan y que las lágrimas que broten de sus ojos sean de felicidad, no de impotencia ni de tristeza.
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Una mañana que no tenía clase aproveché para seguir haciendo turismo por la ciudad (como voy a estar varios meses me lo tomo ''piano piano''). A pesar de que la idea era ir a ver la Torre Velasca, no solo vi dicho clásico de la arquitectura moderna sino que además acabé encontrando otros lugares muy interesantes por allí cerca, como la Piazza Missori y el monumento al militar Giuseppe Missori, él mismo subido en su caballo, y La Cripta di San Giovanni in Conca, la emblemática pastelería Giovanni Galli y los tan creativos (y apetitosos) dulces de los escaparates, vi la universidad Statale y sus jardines, la iglesia de San Bernardino alle Ossa, la Biblioteca Comunale Centrale y un parque llamado Giardino della Guastalla, muy tranquilo y agradable, en el que hice algunas fotos. Fue una mañana completa y productiva. Esta ciudad es una caja de sorpresas. Adjunto algunas fotos de una jornada que no me dejó indiferente a fin de poder ilustrar lo que justo acabo de relatar:



¿Cuál será mi próxima aventura? ¡Tengo todavía tantos lugares pendientes por visitar y tantas ganas de vivir! Me despido por ahora, no sin antes dejaros una foto de mi nueva adquisición: A Milano si dice così de Eugenio Restelli; expresiones en milanés con su traducción y su origen. Además, me vino de regalo un par de calendarios en milanés para el 2013. A este paso aprenderé esa hermosa lengua (¡que no dialecto!) que por desgracia ya casi ha desaparecido. Me parece que no será el único libro en milanés (o acerca de este habla) que me compre. ¡Próximamente, nuevas adquisiciones!


Piutost che nient l'è mej piutost!

domingo, 7 de octubre de 2012

Erasmus: Vuelta al ''cole'' a la milanesa

Mis primeros días de universidad en Milán.

El pasado lunes 1 de octubre empecé las clases en mi nueva facultad, la Carlo Bo. Ya la había visitado un par de veces desde que llegué a Milán a fin de formalizar mi estancia como estudiante Erasmus, pero aún no había entrado en contacto con la gente que allí me esperaba y evidentemente desconocía cómo se desarrollarían las clases (y todo en general).

Aquella mañana de lunes entré en la facultad y me abrí paso entre todos aquellos desconocidos de primero, segundo y tercero (aquí tienen lo que se conoce como laurea triennale: en Italia las carreras duran tres años, a diferencia de España, donde son de cuatro). Busqué mi aula y, al llegar, vi a algunos alumnos en la puerta. Les pregunté si aquella era la clase de terminologías técnicas en inglés y me senté con ellos. Desde el primer momento me cayeron muy bien y me sentí muy acogida. Es más, cuando por momentos entré en pánico al ver que tendría que saber definir en inglés una larga lista de empresas italianas y otros conceptos muy técnicos que hasta la fecha desconocía, una compañera me dijo que no me preocupase, que ellos me ayudarían si tenía algún problema. Al acabar aquella primera lección continué charlando con algunos de mis nuevos compañeros; incluso almorzamos juntos. Ellos eran Giulia, Matteo y Tommaso. Poco después también conocí a Noemi. ¡Qué simpáticos fueron todos conmigo!
El martes tuve una clase de literatura italiana contemporánea de buena mañana que rompió todos mis esquemas; ¡qué rematadamente difícil pinta! Tendré que leerme libros del ottocento y del novecento escritos en un italiano like a Sir; sí, textos que a duras penas un nativo logra entender. De todas formas, espero no tener ningún problema: sé que si me esfuerzo puedo conseguirlo (si ya he llegado hasta donde estoy, ¿por qué me voy a derrumbar con esto?). De momento ya he empezado a leerme el primer libro de la larga lista de obras que tendré que trabajar: Uno, nessuno e centomila de Luigi Pirandello. De momento (solo de momento) lo entiendo bastante bien. Después de esta clase intenté volver a casa, pero había huelga de metro y tuve que coger un bus y acto seguido un tranvía para acabar en la Piazza del Duomo. ¡Era imposible volver a casa! Comí allí y a las tres, cuando se reestableció el servicio, me volví a la universidad. ¡Menudo caos en el metro, no cabía ni un alfiler!


Aprovecho para enseñaros mi tarjeta electrónica de ATM, que en unos 15 días ya pude pasar a recogerla. Por ser estudiante o menor de 26 años, por 17€ al mes tienes acceso ilimitado a todos los transportes públicos de Milán. No tienes que introducir la tarjeta en la máquina; con pasar el bolso o el monedero ya te abre la puerta:
Eso sí, no sé por qué poco después de recogerla mi foto de carné empezó a borrarse, ¡y ahora no se me ve la cara! En fin, qué más dará...

Como os iba diciendo, aquel martes por la tarde tuve una clase de traducción del español al italiano (traducción inversa para mí); a pesar de ser una clase del primer año, el nivel era altísimo; tuve que traducir al italiano palabras y expresiones como ''acuciar'', ''investir'' y ''hacer hincapié'' (y encima sin diccionario). ¡Dios mío, que alguien me saque de aquí! Además, al ser nativa y parece ser que también la única Erasmus de la facultad (es pequeña, en total seremos unos 150 estudiantes) los profesores me preguntan muchas veces cómo se dice algo en castellano, o cómo lo definiría, y a veces es un ''¡tierra, trágame!'' en toda regla. El miércoles no tenía ninguna clase (aunque aproveché para ponerme al día con las tres asignaturas que hago a distancia), y el jueves solo tuve una clase de interpretación del español al italiano. En un principio también tenía una asignatura de psicología de la comunicación que escogí, pero desgraciadamente al final no podré hacerla porque pertenece al segundo semestre. ¡Lástima!

Pese a haber trabajado como intérprete de enlace en los torneos de fútbol, nunca había hecho una interpretación consecutiva con un bloc de notas en el que tenía que mezclar toda una serie de abreviaturas y dibujos para tomar nota de un discurso e interpretarlo. A pesar de que hay algunos símbolos de uso común (podría decirse ''internacionales''), en general son bastante personales; por ejemplo, la mayoría de alumnos representaba España con una E y un círculo, mientras que yo opté por hacerlo con una Ñ (typical Spanish). Al ser una asignatura en mi idioma no tengo problemas para entender el mensaje, en todo caso para tomar nota y explicarlo en italiano... Pero espero que vaya bien. El viernes tuve otra clase de terminología, pero esta vez en español, y la profesora me pidió que les explicase qué era una perra gorda (fuera de contexto puede sonar un tanto peculiar), una moneda antigua, pero tampoco avanzamos mucho.

A pesar de cursar solo cinco asignaturas presenciales (más las tres a distancia), creo que tendré faena para rato. ¡Madre mía, qué complicadas son prácticamente todas las asignaturas! Pero tengo la sensación de que a pesar de las dificultades podré llevarme el gato al agua. Solo tengo que confiar en mí misma y trabajar duro. ¿Lo haré? Espero que sí.

Tengo claro qué es lo que más me ha gustado de la facultad, y con diferencia: mis compañeros. ¡Son todos la mar de majos y abiertos! Pensaba que a pesar de ser bastante extrovertida tal vez tendría dificultades para hacer amigos, ya que al ser nueva en un sitio donde todo el mundo se conoce y ya tienen sus grupos no es que sea fácil, pero no ha sido así, sino todo lo contrario. La noche del jueves y la del viernes tuve el placer de compartir una velada de lo más divertida con todos ellos: el primer día fui con Giulia y Noemi a un restaurante oriental y a una cervecería, y el segundo, con ellas y con Matteo, Tommaso, Sarah y Bianca al centro social Leoncavallo. ¡Qué bien me lo pasé en ambas ocasiones! Ya tengo ganas de repetir.

Y hasta aquí, mi primera semana de clases. ¿Mejorable? ¡Yo diría que mejor imposible! :-)

miércoles, 3 de octubre de 2012

Erasmus: Excursión a Como y Brunate

El domingo pasado tuve el placer de pasar un día magnífico en compañía de unas personas maravillosas. Ellos son Betina, de Brasil; Karina, de México; Lina y Juan, de Colombia; Jorge y Ernesto, de Perú; y Juanlu, de Madrid. Tomamos un tren de buena mañana en la estación de tren de Milano Cadorna en dirección a Como Lago. Después de poco más de media hora de trayecto, llegamos a un lugar sencillamente maravilloso: Como, concretamente la parte donde se encuentra el lago.
Me sentí una privilegiada al poder pasear por aquellos senderos inexplorados por tantos turistas que ni siquiera conocen la existencia de esta hermosa localidad. Y sí, nos llovió un poco, pero por suerte enseguida volvió a salir el sol. Después de un espléndido paseo por el lago, tomamos un funicular que nos dejaría en Brunate. Y cómo no, los paisajes que vimos durante el trayecto eran maravillosos.
Una vez llegamos a nuestro destino seguimos deleitándonos con los secretos que esconde la Lombardía, la región donde habito actualmente, sobre todo a la hora de comer: encontramos un restaurante delante de lo que podría catalogarse como mirador con vistas a los lagos y las montañas. Incluso vimos una carrera de barquitos. El dueño del restaurante y el camarero eran muy simpáticos y divertidos. Me sentí como si estuviera comiendo en casa (en mi casa de Barcelona, claro). Y me hizo gracia un cartel que tenían puesto en el cristal del local: ''Hello stranger, goodbye my friend''. Me encanta.
Allí pude degustar varios tipos de carne ―todos deliciosos―, patatas asadas y la polenta, un plato muy típico del norte de Italia hecho a base de harina de maíz amarillo. De hecho, los habitantes del sur de Italia llaman ''polentoni'' a los del norte cuando quieren meterse con ellos ―o sencillamente bromear―, mientras que los norteños les contestan con un: ''terroni'' (de tierra). Ya veis, los rifirrafes entre norte y sur no son solo cosa de España.
Después de la comida dimos un buen paseo en dirección al Faro Voltiano. Antes de llegar vimos también la iglesia parroquial ―''chiesa parrocchiale''― de Brunate, dedicada al patrón Sant'Andrea Apostolo. ¡Menuda caminata! Tuvimos que pasar por algunos senderos bastante empinados y la verdad es que llegamos a nuestro destino bastante cansados, pero nada fue en balde; una vez en el faro, no paramos de hacer fotos de las vistas; de las montañas, del lago. Eran fantásticas.
El dueño del faro nos vio y nos dijo que aunque subir al faro valiera un euro, a nosotros nos haría un ''descuentillo'' por ser un grupo. A pesar del agotamiento general, y como el señor era bastante campechano, accedimos a subir ―total, ya que estábamos allí...―; valió muchísimo la pena. ¡Qué vistas tan hermosas! Mi cámara debió de echar humo.

Me encanta esta foto:

Acto seguido volvimos a tomar el ferrocarril rumbo a Como y descubrimos el centro de la ciudad. Vimos el Duomo, ubicado en la Piazza del Duomo ―como si se tratara de Milán―, tomamos un café en aquella misma plaza y a continuación dimos una vuelta por algunas de las calles del centro hasta que un rato después ―ya eran casi las ocho de la tarde, si no recuerdo mal, y el último tren salía sobre las nueve― tomamos el tren que nos dejaría en Cadorna; por último nos despedimos y cada uno escogió el medio de transporte y la línea que le dejaba más cerca de casa.
A pesar de que justo acabamos de conocernos y nos queda mucho por vivir en Milán, quiero agradeceros a todos vosotros estos instantes que ya hemos compartido, las anécdotas que hemos vivido hasta ahora y todo el apoyo que me habéis brindado. Espero que esto solo sea el principio de una gran aventura que, pese a que tendrá su fin cuando poco a poco tengamos que ir volviéndonos a nuestras tierras, resultará inolvidable y, a pesar de la distancia más que tangible que dentro de unos meses existirá y nos separará físicamente, espero que no lo haga emocionalmente. Qué más dará de dónde vengamos y a dónde vayamos, los amigos de verdad siempre estarán con nosotros.

Gracias por todo, chicos.

viernes, 28 de septiembre de 2012

Erasmus: aperitiveando en Milán

Aperitivi. Shopping. Universidad. Vida social. Piazza Affari.

Una de las costumbres milanesas más arraigadas es la del aperitivo. A pesar de que puede encontrarse por toda Italia y sobre todo en el norte, Milán es la reina de esta tradición. Como habitante de la capital lombarda, decidí descubrir de qué se trataba de primera mano.


Es muy simple: acudes a un bar a eso de las siete u ocho de la tarde (también se puede ir más tarde, sobre todo si aún no te has acostumbrado a los horarios italianos, ya que coinciden bastante con la media europea, pero yo os recomiendo que os habituéis a los horarios locales tan pronto como sea posible, porque rigen el ritmo de vida diario de la ciudad); escoges una de las bebidas de la carta (puede ser un cóctel, un refresco...), que en general valen ocho o diez euros y por ese precio, además, puedes comer tantos platos de comida como desees: es una especie de buffet libre creado para que puedas acompañar tu bebida tanto como te plazca. Hay quien va a picar y quien cena. Yo recomiendo esta última, ya que me parece una tontería estar pagando lo mismo independientemente de lo que elijas y que luego sigas comiendo en casa. Sin embargo, los autóctonos suelen comer muy poco, ya que básicamente acuden allí a tomarse algo, pero veréis que todos los demás cenan (cenamos). Centrándonos en los platos, no todo es comida italiana (¡ni mucho menos!), podréis encontrar alimentos típicos de otros países, como cuscús o frijoles, pero evidentemente la presencia de platos típicos es significativa.

Durante estos últimos días he estado un tanto aletargada: cogí un resfriado que me mantuvo fuera de combate durante unos días y apenas pude hacer nada interesante, ya que tan pronto como salía regresaba a casa todavía más enferma (¡y eso que no he ido a fiestas ni nada por el estilo!), pero en unos días, gracias al reposo y a un medicamento que me dieron en la farmacia cuyo nombre era ''Tachiflu'' (se pronunciaría ''takiflú''), ya vuelvo a estar fuerte como un roble y al pie del cañón. De todas formas, algo he ido haciendo; uno de estos días salí a tomar algo con algunos amigos españoles como Juanlu de Madrid, que por fin llegó a Milán, y además conocimos a algunas chicas alemanas la mar de simpáticas y comunicativas a las que espero volver a ver. Otro día fui a la oficina de correos (Poste Italiane) de la Stazione Centrale para enviar algunas cosas a Barcelona y de paso aprender su funcionamiento, que al igual que en España es muy sencillo, y después entré en una tienda de Benetton que estaba en la misma estación: estaban haciendo liquidación y había productos muy rebajados: para mi sorpresa, encontré un jersey del que me enamoré nada más verlo que pese a que inicialmente costaba 50 euros su precio bajó a ¡12€! Evidentemente me lo compré, ya que no podía dejar escapar una ganga así. Cierto es que en Milán, la capital de la moda, la ropa suele tener unos precios bastante prohibitivos, pero de vez en cuando pueden encontrarse gangas que valen mucho la pena. Además, una vez al año no hace daño, ¿no?

Otras de mis recientes adquisiciones han sido tres libros de bolsillo, a 50 céntimos cada uno. Los encontré por casualidad en un kiosco de mi parada de metro y, como tengo muchísimas ganas de leer en italiano y una ocasión así no podía dejarse escapar, me los compré. ¡Ahora ya tengo algo para leer en mis trayectos de metro!



Ayer por la mañana tuve que volver a mi facultad de Milán para comunicarles las asignaturas que quería cursar y para que me hicieran el horario de acuerdo a mis pretensiones. Por suerte, todo fue muy bien y no tuve ningún problema, ya que podré cursar todas las asignaturas que me planteé y ninguna de ellas se me solapará con ninguna otra. De hecho, me atendió una señora muy campechana y divertida, que además me felicitó por mi nivel de italiano (bueno, supongo que cada uno hace lo que puede en la medida de sus posibilidades...) y que me aseguró que gracias a ello no tendría problemas con las asignaturas pensadas para nativos, como traducción del español al italiano e interpretación ES-IT (¡eso espero!). Además, las tres asignaturas de la UAB que decidí cursar a distancia podré seguirlas por Internet sin ningún tipo de complicaciones. Así que sí, así es: ¡he conseguido que el plan establecido marche viento en popa!

Este es mi horario. Como podréis apreciar, tiene muchísimos espacios en blanco (sobre todo el miércoles, día en el que no tendré ninguna clase). Es bastante ligero, pero prefiero que así sea (¡al fin y al cabo, estoy de Erasmus!), y a esto hay que añadirle tres asignaturas más. En total sumo 33 créditos; teniendo en cuenta que la media por semestre es de 30, no está nada mal. Incluso podría decirse que hago de más.
Ayer fue uno de los días más divertidos desde que llegué a Milán. Me reuní en la Piazza San Babila con Juanlu y dos amigos suyos de Venezuela, Catherine y Alfredo, y nos unimos a un recorrido turístico organizado por la asociación ESN (Erasmus Student Network) del Politecnico di Milano (una especie de Universidad Politécnica de Catalunya en versión milanesa): pese a que todos ellos iban a estudiar en esta universidad, todo el mundo podía unirse y nadie me miró mal al descubrir que estudiaba traducción e interpretación, que venía de la UAB y que iba a estudiar en la Carlo Bo (una facultad desconocida hasta la fecha para todos ellos). Así que entre ingenieros y arquitectos me dispuse a patearme todo el centro de Milán entre risas y buenas conversaciones.


En esta ruta conocí a Clara, de Madrid; Gildas y Thomas, de Francia; Francesc, de Palma; Tina, de Granada; Vicente, de Alicante; Diana, de Italia; Jair, de México; Juan, de Colombia, y muchísimos más cuyos nombres por desgracia no recuerdo. Paseamos por algunas calles estrechas llenas de tiendas de ropa y relojería para bolsillos ilimitados, fuimos al Castello Sforzesco (que, lamentablemente, está en obras y de esta forma pierde bastante encanto), fuimos a la Piazza Affari (Plaza de los Negocios) y nos reímos muchísimo con la escultura del Dito (dedo) de Cattelan: sí, es lo que se ve por la foto, tal cual, y está situado justo delante de la Borsa Italiana, la principal bolsa de valores de Italia. ¿Qué puede significar exactamente? Hay varias teorías, como que es lo que la economía nos está haciendo o bien lo que el pueblo piensa de la economía. Por lo visto, Maurizio Cattelan, un artista más bien controvertido y pintoresco, dijo que si el monumento se cambiaba de lugar se lo llevaba a su casa. A pesar de la polémica que desató la obra, dos años después permanece en su lugar desde el día de su inauguración, en septiembre de 2010.

Aquí tenéis una perspectiva más detallada de la escultura:

 ¿Qué os parece? Fuera cual fuera la intención del autor, a mí me parece un acto de protesta fantástico.

Cuando dio por finalizado el tour, muchos de nosotros continuamos nuestro recorrido por las calles del centro de Milán y acabamos en un pub donde disfrutamos de un aperitivo de lo más completo y ameno.

Algunas fotos de la velada:

¡Qué bien me lo pasé! Y menos mal que seguiremos en contacto, porque al no ser del Politecnico lo tengo un poco mal para volver a verles si no hacemos uso de las vías de comunicación cibernéticas. Espero que volvamos a encontrarnos, ¡fue un placer conoceros!

sábado, 22 de septiembre de 2012

Erasmus: Ambrogio Brambilla

Tranvía. Codice fiscale. Jardines públicos de Porta Venezia/Indro Montanelli.


Hoy, no me preguntéis por qué, empiezo mi entrada con el nombre y el apellido más típicos de Milán: Ambrogio y Brambilla, los que le pondría a un personaje si escribiera una novela que contara con la presencia de un ciudadano lombardo. En el caso de Ambrogio (que no hace falta hacer uso de una pasmosa inteligencia para deducir que se trata de Ambrosio), es un nombre que se está perdiendo, poco a poco va cayendo en desuso, pero Sant'Ambrogio es el patrón de la ciudad.

Hoy hace una semana que llegué a Milán. Durante estos días he estado más o menos ocupada; una mañana tomé el viejo tranvía que recorre toda la ciudad y fui a la Agenzia delle Entrate para solicitar el codice fiscale: fue un proceso rápido, tuve que rellenar una hoja, me dieron un numerito para esperar mi turno y enseguida me atendieron. Al acabar me dieron un papel con mi codice fiscale y en unos veinte días me llegará la tarjeta a casa (es como una especie de DNI que tienen todos aparte del carnet de identidad, ya sean italianos o no).
Me encantó el recorrido en tranvía. Es un vehículo precioso por dentro y por fuera y realmente vale la pena tomarlo de vez en cuando, para ir a según qué sitios te mareas menos que con el metro, que también me parece bastante eficiente y veloz y por suerte se parece mucho al de Barcelona; está todo bien señalizado y es difícil desorientarse, aunque puede pasar ya que las líneas se bifurcan como sucede en ciudades como París. También hay buses, pero aún no los he utilizado (eso sí, cuando vine de visita hace cuatro años lo tomé para ir a San Siro y más de lo mismo: no tiene pérdida). Una de las cosas que más gracia me hicieron del tranvía (ya veis qué cosa) fue un cartel que había colgado en el interior en el que ponía: ''vietato sputare'', que se traduce como ''prohibido escupir''. Es un medio de transporte muy antiguo y aún conserva todo este tipo de indicaciones que quizá en estos tiempos nos parecerían innecesarias y evidentes. Aun así, fue divertido verlo. Milán cuenta con 18 líneas de tranvía que recorren prácticamente toda la ciudad. Podemos encontrar modelos más antiguos y más modernos. Mis favoritos, sin duda, son los clásicos, que fueron fabricados entre 1920 y 1930. Son los mismos modelos que podemos encontrar en ciudades como Lisboa, Oporto o San Francisco. Además, resulta que la ciudad americana se los compró a la capital lombarda. Me encanta verlo pasar por todas partes, incluso por mi calle como ya expliqué anteriormente.

Otro medio de transporte urbano es el BikeMi, que viene a ser el Bicing barcelonés, y los taxis, que son de color blanco.


Ayer encontré por casualidad un precioso parque por el que resulta muy agradable dar un paseo. Se encuentra cerca de la Plaza Cavour y se trata de los Jardines Públicos de Porta Venezia o de Indro Montanelli, periodista, escritor e historiador italiano del que además hay una escultura dedicada en su memoria en este lugar lleno de estatuas y flores.


Había un estanque de patos y los perros, junto a sus dueños, corrían con total libertad. Otros viandantes preferían hacerlo en bicicleta.

Siempre he pensado que las esculturas son una maravillosa forma de recordar la figura de una persona. Esta iba dedicada a Ernesto Teodoro Moneta; militante pacifisca, premio Nobel de la paz en 1907.

Una fuente típica de Milán. Si os preguntáis de qué bestia se trata, os diré que se les conoce como i draghi verdi (los dragones verdes). Están por todas partes y siempre están abiertas:

Y esto es todo por ahora. Os dejo, que me espera un buen plato de gnocchi (qué feo me ha parecido siempre eso de ''ñoquis'') de patata con salsa boloñesa. ¡Buen provecho y hasta la próxima!